Presentación del libro “Dirección por proyectos en la abogacía. Un estudio del legal project management”

Presentación del libro “Dirección por proyectos en la abogacía. Un estudio del Legal Project Management para firmas legales y abogados de empresa” y debate en el ICAM

12 de junio,  19:30 en el ICAM (Madrid)

Debate organizado por Pérez + Partners,

“Rentabilidad y nuevos modelos de organización en los despachos pequeños, medianos y departamentos legales de empresa”

en el que intervendrán:

Carmen Pérez Andújar, Secretaria de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados de Madrid Marta García Alba, Directora Asesoría Jurídica Campofrío
Javier Fernández-Samaniego, Socio Samaniego Law
Alejandro Touriño, Socio Director ECIJA Abogados

y se presentará el libro

“Dirección por proyectos en la abogacía. Un estudio del Legal Project Management para firmas legales y abogados de empresa”

de Jose Luis Pérez Benítez (Pérez + Partners)

El libro está a la venta en este link de amazon.

 

Los despachos medianos y pequeños se enfrentan al reto de mejorar su eficiencia para lograr una mayor rentabilidad. También los departamentos legales internos de las empresas deben optimizar sus recursos presupuestarios. El mercado legal asiste en la actualidad al desarrollo de nuevos sistemas organizativos que pueden ayudar a mejorar estos procesos. Los abogados encuentran en figuras como el Legal Project Management o el Legal Interim Management herramientas para mejorar sus capacidades internas.

En concreto, el Legal Project Management consiste en aplicar las técnicas de Dirección de Proyectos, propias de otras profesiones -ingenierías, arquitectura, consultoras- a la prestación de servicios jurídicos.

El libro pretende ser una guía sobre qué partes y herramientas de la dirección por proyectos sí son aplicables a los despachos y departamentos legales de empresa de cualquier tamaño.

Descarge aquí su invitación

Invertir en un despacho de abogados

(Artículo de José Luis Pérez Benítez publicado en el diario Cinco Días el 6-9-2016)

El pasado 24 de febrero, Slater & Gordon, primera firma de abogados del mundo en cotizar en Bolsa, declaró la suspensión de su cotización –tras su desplome– en el Mercado de Valores de Sídney. Desde entonces no se ha recuperado. Aquella caída dio lugar a que gran parte de los abogados del mercado jurídico internacional vieran este hecho como una evidencia más –casi una consecuencia ineludible– de la dificultad de que el capital, el inversor ajeno a la abogacía, entre de forma exitosa en las firmas de abogados.

Los servicios profesionales, y en concreto los servicios de abogados, se rigen por normas económicas especiales y distintas del resto de servicios y de empresas de producto. Esta especialidad históricamente se ha tratado como una asimetría de información, próxima a los fallos de mercado. El hecho de que las empresas de servicios profesionales sean intensivas en capital humano y no en capital financiero, así como que exista información asimétrica entre las partes, ha llevado a que se rijan por normas económicas dispares y que haya sido necesario que el mercado genere unas normas éticas superiores o distintas a las de la confianza general.

El propio mercado ha resuelto este problema con la generación de dos instituciones que han ido surgiendo de forma evolutiva: por un lado, la deontología profesional, como ética especial en las relaciones con terceros, y por otro lado, la figura del partnership, como modo de organización y de propiedad de la asociación de este tipo de profesionales.

Estos dos hechos, el que sean los propios profesionales quienes regulan la profesión y la protegen de un mal uso, como si existiera un bien comunal que usar y a la vez mantener, y el que la propiedad colectiva de las empresas o sociedades de abogados sea el modelo que parece funciona mejor, ha llevado a que sea dudoso que el capital ajeno a la profesión, que el socio meramente capitalista en lugar de abogado, sea algo admisible, sino perjudicial en este mercado.

Surge la pregunta: ¿la entrada y participación de socios de capital, ajenos a la profesión de abogado, en las firmas legales, es en sí mismo perjudicial para el mercado, para la sociedad en general y, en concreto, para la sostenibilidad de la firma?

De ser así, ¿es, por tanto, necesario que dicha participación meramente de capital esté limitada? ¿Son los despachos de abogados una rara avis societaria sobre las que las sabias reglas del mercado aconsejan no ser empresas de capital?

Esta ha sido la solución histórica del legislador español, que ha ido cambiando hasta permitir hoy un 49% del capital, justificado, como dice la ley, “en que las singularidades que de antiguo han caracterizado el ejercicio profesional, con acusados componentes deontológicos, no se vean desnaturalizadas cuando se instrumenta a través de una figura societaria”.

En la mayoría de los países similares al nuestro sucede más o menos lo mismo o incluso se es más restrictivo, como en Portugal y Alemania. Otros son más permisivos, como Reino Unido respecto de los solicitors, incluso cotizadas, pero no de los barristers, donde se prohíbe. En Estados Unidos depende del Estado y en Australia se permite incluso en Bolsa.

Sin embargo, no existe ningún motivo, ni razón económica, ni peligro de que el capital desnaturalice la profesión, y salvo que el capital sea suicida –y ser cortoplacista no lo es– no es lógico pensar, ni la historia lo demuestra, que el capital tienda a desnaturalizar la profesión ni a pervertir el orden del conflicto de interés que existe en la abogacía –primando siempre el interés del cliente– ni el conflicto de interés entre los intereses particulares de los socios y la firma en general.

Otra cuestión es que una firma requiera mucho capital para su estrategia y que pueda ser una buena inversión, pues como decía un conocido letrado, “en los despachos de abogados los activos se van a su casa a dormir por la noche”.

Los despachos de abogados más rentables

En otros países (en especial los anglosajones) los despachos de abogados publican su rentabilidad por socio, ya que ellos tienen claro que la calidad de un despacho está relacionada con la rentabilidad que obtienen sus socios a final de año (cuestión que puede ser discutible, pero así se percibe). En España se publica solo la facturación total. Como dato, dice algunas cosas, pero no todas.

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Mesa redonda en ESADE sobre la optimización de la gestión de los despachos de abogados como ventaja competitiva

El próximo jueves 19 estaré en un panel en ESADE sobre la optimización de la gestión de los despachos de abogados como ventaja competitiva. El resto de ponentes serán César Albiñana (Socio Director de CMS Albiñana & Suárez de Lezo), Manuel Broseta (Socio Director de Broseta Abogados), Eugenia Navarro (Consultora de despachos de abogados y profesora de marketing jurídico en la Facultad de Derecho de ESADE) y Ana Vives (Directora de Contenidos de la Editorial Tirant lo Blanch).

En mi breve ponencia hablaré brevemente sobre los inductores de beneficio en un despacho de abogados, así como de la relación entre la facturación y el valor generado al cliente, y la gestión de la relación con este último con un CRM (customer relationship management o gestión de la relación con el cliente). El contenido del resto de ponencias completarán lo que debe ser la optimización de la gestión de un despacho de abogados. Moderará la sesión Carlos García-León (Expansión) y la presentación correrá a cargo de Lola Bardají (Directora de la Licenciatura en Derecho de ESADE).

Si te interesa, la cita (inscripción gratuita) es el próximo jueves 19 de mayo a las 19:00 en la sede de ESADE en Madrid (calle Mateo Inurria, 27). Más información en la web de ESADE.


¿Quieres saber más sobre nuestros servicios? (pulsa aquí para más info)

Eficiencia y rentabilidad de un despacho de abogados

 

Según me ha dicho Aranzadi, desde el pasado viernes está en las librerias y en venta online el libro del que soy autor  “Eficiencia y rentabilidad de un despacho de abogados. Firmas pequeñas y medianas en un entorno más competitivo.” El objetivo del libro es ayudar a los despachos pequeños y medianos a gestionar mejor su día a día y así disfrutar más de la profesión que han elegido. El ejercicio artesano de la profesión, como a algunos les gusta denominar la abogacía, no excluye la aplicación de las reglas básicas del management de servicios profesionales, y en este libro intento explicar la forma de trabajar en lo que te gusta de forma que además te resulte rentable.

Aprovecho que Aranzadi ha incluido el índice y la introducción en Scribd para dejar en este post las primeras páginas para que puedas leerlas y como digo al final del capítulo, puedas comprobar lo que vas a encontrar y lo que NO vas a encontrar en el libro, así puedes decidir si merece la pena comprarlo.

Muchas gracias a todos, porque si no hubiera visto tanto interés por parte de los abogados en las clases que imparto, los artículos que publico de vez en cuando o mis intervenciones en la radio, no me hubiera animado a hacerlo.

Espero que os resulte útil.

Enlace directo al libro en Aranzadi

Eficiencia y rentabilidad de un despacho de abogados, Miguel Ángel Pérez de la Manga

Grandes despachos pequeños

Leo en una entrevista a Emilio Cuatrecasas en diariodesevilla.es , sobre la situación del mercado legal y los despachos de abogados en España, y, en especial, dentro de la situación económica en la que nos encontramos, el siguiente párrafo:

-¿Qué nicho le va a quedar al pequeño abogado?

-Habrá nichos. En el Reino Unido, no más de un 5% de los abogados trabajan solos. En EEUU, con un sistema jurídico parecido, un 60-65% lo hace en pequeños despachos. En España, más de la mitad. ¿Tienen un mercado? Sin duda. En materia matrimonial, por ejemplo. Todo el mundo se divorcia ahora, y eso genera mucha actividad, pero no para los grandes despachos. El derecho penal se practica aún en los despachos-nicho. También está el factor del trato cercano. El mundo tiende a modificarse, pero no desaparece nada. Los periódicos no van a desaparecer. Tampoco los libros.

El primer dato que encontramos es que más de la mitad (unos 60.000) de los abogados están en despachos pequeños (creo que es más acertada esta denominación que “pequeño abogado“). Es un dato estadístico que no voy a a comentar, aunque yo creo que son más.

El segundo es la asociación del “pequeño abogado” con determinadas especialidades, como el matrimonial y el penal. ¿El despacho pequeño sólo puede desarrollar estas materias? Por supuesto que no. Supongo que la respuesta ha sido fruto de la espontaneidad más que de la reflexión, pero el despacho pequeño tiene otras muchas materias a las que dedicarse. En concreto, todas.

En el sector legal hay espacio para despachos grandes, medianos y pequeños. Diferentes ofertas de servicios para diferentes clientes.

Posiblemente a un despacho pequeño no le interese asumir asuntos que requieren un número elevado de horas que van a saturar su capacidad. Además, concentra el riesgo de manera innecesaria. Otro motivo puede ser que el cliente o el asunto requiera una cantidad de horas en un espacio de tiempo que con una simple división no podemos asumir.

Para el resto de asuntos, los despachos pequeños están perfectamente preparados. A través de nuestros trabajos de consultoría he tenido la oportunidad de conocer a magnificos profesionales, conocedores de la materia a la que se dedican, con una especialidad complementada con la necesidad de conocimiento general que impone el día a día de este tipo de despachos, con un trato más cercano al cliente.

Pero ¿por qué se ha asumido que, por el mero hecho del tamaño, los despachos grandes prestan un servicio mejor que los pequeños?

Aunque hay varios argumentos, me voy a centrar en dos:

1.- Los despachos grandes, tradicionalmente, captaban a los mejores abogados.

¿Podemos afirmar que hoy sigue siendo cierto? Yo creo que no. Hay muchos abogados que ejercen en despachos pequeños y medianos con una calidad extraordinaria, exactamente igual que en despachos grandes. Pero han elegido hacerlo en una organización pequeña, de la que muchas veces son propietarios. Y lo hacen como opción elegida libremente.

Los nuevos abogados valoran otros aspectos que comienzan a formar parte de sus motivaciones, como el tiempo libre y la conciliación, o desde un punto de vista del servicio a prestar, tener la oportunidad de desarrollar un trabajo más creativo, innovador y cercano al cliente.

La única diferencia es que los que ejercen en despachos pequeños y medianos parece que han hecho una promesa para que nadie se entere de los buenos que son, y además, muchas veces, tienen unos costes generales desproporcionados (algo que afortunadamente han superado aquéllos con los que hemos trabajado).

2.- La información con la que se forman de manera continuada los abogados circula mejor y es de mejor calidad en los despachos grandes.

Argumento válido para el año en que yo acabé derecho y que el tiempo y la tecnología se ha encargado de desmontar. La información está al alcance de cualquier abogado que tenga ganas de estudiar y mejorar como profesional, igual que en un despacho grande. La diferencia la tenemos aquí en el entrenamiento en habilidades, que el abogado del despacho pequeño o mediano se resiste a adquirir.

¿Por qué no terminan de posicionarse claramente los despachos pequeños?

Esta es la cuestión. Existen, son buenos, pero sobredimensionados en recursos, poco eficientes y absolutamente desconocidos.

En este punto encontramos varias áreas de mejora:

– El tamaño ideal no suele ser uno o dos abogados. El microdespacho debería crecer algo más como regla general, pero el miedo a no elegir a la persona adecuada pesa mucho. Una mala elección divide en lugar de multiplicar.

– El reparto de horas del abogado en su día a día debe tener en cuenta tareas de estrategia, planificación y marketing. Debemos lograr ser percibidos por los clientes de acuerdo al posicionamiento elegido. No vale de nada ser muy bueno si los clientes potenciales no lo saben. Esa es la función de la marca en los despachos grandes (trasladar una calidad percibida por el cliente a cualquier abogado que forme parte de su organización).

No es una tarea fácil, pero hay que trabajar para que el despacho pequeño y mediano no sea percibido como un prestador de servicios en materia penal y matrimonial, tal y como relatábamos al inicio de este artículo. Muchos ya lo están haciendo, ahora te toca a ti.

Una última reflexión. Año 2010, ¿los clientes contratan a un abogado o a un despacho?

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