En marketing se dice que un despacho puede dirigir sus comunicaciones a tres tipos de receptores: sus clientes, sus abogados, o la competencia.

En ocasiones se confunde el destinatario del mensaje y con frecuencia se utiliza el lenguaje o la información adecuado para dirigirse a otros abogados cuando en realidad se quiere dirigir al cliente.

Comunicar es algo muy serio y comunicar mal puede ser fatal.

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