Las horas facturadas y las retribuciones

Publica hoy Expansión un artículo sobre el peso de las horas facturadas en las retribuciones de los abogados. En él se recoge el contenido de una sesión celebrada en FIDE (Fundación para la Investigación sobre el Derecho y la Empresa) y hay opiniones muy interesantes (me gustó la reflexión de Javier Ramirez, director legal de Hewlett-Packard, quien, hablando en este caso como cliente, preguntó a los asistentes al foro por qué no se tenía en cuenta la satisfacción del cliente a la hora de determinar el salario variable).

En lineas generales, parece clara la tendencia de relacionar parte del salario a los resultados, aunque en determinadas áreas no relacionadas con la práctica legal sea difícil de determinar.

En cuanto a lo que yo expreso en el artículo (que se recoge de forma breve) lo que quiero decir es que para los pequeños y medianos despachos que actualizaron la contratación de sus abogados a relación laboral, fue un esfuerzo económico importante (un 32% del salario, más o menos) destinado a la cotización a la seguridad social, lo que va a impedir que a corto plazo puedan pensar en añadir variable al salario que ya tenían pactado, puesto que tienen que asimilar el nuevo coste de sus letrados, y a partir de ahí gratificar determinadas actitudes.

Para los que lo quieran hacer, hay otro punto que me parece importante: el sistema debe ser sencillo y la relación coste / beneficio aceptable. He visto sistemas de determinación del salario variable de una complejidad extrema. Tampoco hace falta estar determinando el variable mes a mes.

En definitiva, una materia que irá madurando en los pequeños y medianos despachos.

Los criterios de honorarios, el precio y el valor del trabajo del abogado

Ayer tratamos en FIDE cómo afecta la Ley Ómnibus al sector legal. En lineas generales, afecta más, de manera directa, a los Colegios Profesionales que a los despachos de abogados, al menos al segmento de mediano y pequeño despacho que es con el que tratamos en nuestros trabajos de consultoría a despachos de abogados.

Pero hay un tema que me ha hecho pensar. Con la aplicación de la ley, los colegios de abogados no podrán mantener, en parte, las normas o criterios orientadores de honorarios. Digo en parte porque se van a mantener a efectos de informar a los juzgados y tribunales a efectos de costas, pero todas las actuaciones no judiciales serán excluidas. En palabras de Juan Enrique Graldoph Cadierno, Técnico Comercial, Economista del Estado y Director General de Política Económica del Ministerio de Economía y Hacienda “no tiene sentido que un colegio profesional diga lo que un abogado tiene que cobrar por asistir a una reunión”.

Dejando de lado si procede o no la existencia de unos criterios orientadores, y dando por hecho que van a dejar de existir ¿qué efecto va a tener en el destinatario de los servicios jurídicos, en el mercado legal y en los despachos de abogados?

Esta es la reflexión que os animo a compartir en los comentarios a este post.

Vaya por delante lo que yo pienso. Los criterios de honorarios (su existencia) beneficiaban claramente a los abogados. A excepción de unos cuantos servicios en los que el precio era casi aleatorio (me viene a la cabeza la redacción de contratos privados y cosas similares, en los que la aplicación de la escala nos transportaba a un mundo irreal), el resto de criterios fijaba un precio que para el despacho era interesante. Aunque el cliente no tenía ninguna obligación de asumir el precio, la simple referencia a los criterios “legitimaba” la fijación del precio que hacía el despacho. Es decir, existía un término comparativo donde en otras profesiones no se da.

Todos los que han sido mis alumnos en dirección de despachos o clientes de consultoría sabéis que la fijación del precio de los servicios no tiene nada que ver con los criterios orientadores (ni tampoco con nuestros costes, que son nuestro problema) sino que están relacionados con el valor que seamos capaces de aportar al cliente. Pero la eliminación del término comparativo va a provocar una desorientación en la fijación del precio que, salvo aquéllos despachos que asumen criterios empresariales y de management, provocará una tendencia a la baja, en muchos casos por debajo del coste interno (sin saberlo, de forma temeraria y a costa de la calidad del servicio).

Creo que esta tendencia se va a producir en los despachos que lleven asuntos de escaso valor añadido para el cliente, y que, una vez más, es hora de asumir las nuevas reglas del mercado (que están aquí para quedarse) y centrarnos en la generación de valor al cliente con propuestas de servicio modernas. Creo firmemente que esta es la apuesta que deben hacer los pequeños y medianos despachos de abogados.

En un año reviso el post y analizamos lo ocurrido.

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